El objetivo de cualquier opositor es conseguir una plaza como funcionario en la administración pública. Cuando decides opositar, lo das todo, tienes clarísimo que vas a hacer todo lo que este en tu mano para aprobar.
Sin embargo, no siempre este esfuerzo se ve recompensado. Es cierto, has estudiado duro pero por “a, b o c” no has conseguido una plaza. Nuestro esfuerzo se ve recompensado cuando pasamos la barrera de ser interinos a ser personal funcionario al servicio de la administración.
Para conseguir nuestro objetivo tenemos que “sudar la camiseta” no es suficiente con estudiar mucho sino que el tiempo que invirtamos sea aprovechado al cien por cien y le saquemos rendimiento.
La leyenda urbana de que “no siempre aprueban quienes se lo merecen” es cierta. Las oposiciones no seleccionan a las personas más brillantes, ni a las que mejor van a desempeñar el puesto de trabajo o aquellas que tienen interés y vocación por la profesión. Una oposición es como “un sorteo” en el que todos los participantes son un número y participan para ser ganadores del premio.
En una oposición, influyen muchos factores desde el tribunal que califica las pruebas a la suerte que se tiene el día del examen.
Para conseguir el aprobado intervienen factores como las características de la oposición (hay oposiciones más asequibles según el contenido del temario o el nivel de titulación exigido, oposiciones que se convocan un año si y otro no) hasta las capacidades y aspiraciones del futuro funcionario (fuerza de voluntad y tesón de los aspirantes).

